Tan solo un saludo.

Dentro de los recuerdos que tengo de tu existir, encuentro cuando te veía cada fin de semana, porque mientras trabajabas arduamente, yo me encargaba de conocer la vida, solo. No te niego que cuando hablabas de que me metí toda una galleta “María” en la boca porque mi primo me la iba a quitar, me detengo a imaginar que en algún momento llegué a ser parte importante de mi vida… imagino que lo soy, aunque ya esos momentos de chineos y esos detalles de niño, ya se fueron (“estás bastante güevón para esas varitas”, dirías).

De repente y muchísimos momentos de mi infancia que no recuerdo. ¿Pregúntame algo de mi niñez? ¿acaso mis regalos de Navidad? ¿mi primera comunión? ¿mi graduación de escuela? ¿todos aquellos 15 de septiembre en los cuales fui mejor promedio y tenía que desfilar? ¿estudiaste conmigo? Posiblemente no pueda responderte nada, aunque si acaso, alguna que otra discusión que tuviste con mamá (lamentablemente no se te quita esa costumbre).

¿Y sabes? Así comenzaron las cosas… eso de tenerte lejos a veces me pone triste y sí, hubo cosas que recuerdo de mi infancia, pero casi todas son complicadas de explicarlas (no las entenderías, me lo has demostrado). La idea de comenzar mi colegio fue desgarradora: eso de cambiar mentalidades y dejar de ser un poco niño, alejarme de muchos compañeros que decidieron ir a otros colegios y demás aventuras nuevas, fueron momentos complicados… No te voy a negar que mi primer beso fue a los 10 años… eso no lo sabes, porque sé que no he buscado el chance para decírtelo, ni me lo preguntarías.

Sí me acuerdo de que en algún momento te dije que tenía novia, y me lleva dos años. No hiciste una buena cara, pero llegaste a decirme muchas cosas que aún recuerdo. Hasta que comenzó mi rebeldía: un carácter duro, frío, calculador… ¿Sabías que el hecho de que yo pasara metido en el cuarto, cuando estabas en casa, no era más que parte de mis ideas de irme pronto de casa?. ¿Por qué crees que yo te imploraba que quería estar en una “U” privada? Ya no soportaba tus pleitos con todos, hasta que se dio la oportunidad.

Poco a poco me fui alejando de nuestro hogar (ese en el que dormimos juntos, muchos días y muchas noches), fui haciendo lo mío, descubriendo el mundo, tratando de echármelo encima hasta que ya mi espalda no dio más y mis piernas dejaran de responderme. Y pues, ahora no soy quien piensas que soy, ya no soy ese niño que a veces estudiaba para salir bien en un examen, esa persona que discutía rebeldemente hasta decir “me quiero ir de aquí”.

Mis gustos, son otros, distintos a los tuyos.

Hoy soy esa persona que aprendió a tomar lo bueno tuyo: trabajo arduo, ser terco hasta tener lo que se quiere, hacer todo detallado (a veces eso de ser lento, y tomarse el tiempo para hacer las cosas, es bueno). Sé que no lo notas, máxime en estos tiempos en los cuales ya tengo más de mes y medio de no verte, por mi bienestar y hasta por mi tranquilidad. Soy un intenso de la vida, de las cosas buenas.

No me lo estás preguntando, pero en eso que le llaman amor estoy bien… de hecho estoy pasando por un excelente momento. De hecho hasta me gustaría que conocieras a esa persona, y en alguno de esos ratos de la vida conversaran, pero bueno, la verdad no creo que me entiendas.

El trabajo por dicha va bien, ya son tres años y en el mismo lugar… he llevado momentos complicados que he sabido sacar adelante, gracias a ese esfuerzo que me demostraste siempre.

Eso de tenerte cerca a veces me da miedo, te aseguro que aún las cosas duelen… pero espero que algún día, puedas sentarte conmigo y yo te pueda contar mis problemas sólo para que me escuches, y sepas lo bien que estoy.

Sólo para no quitarte más tiempo: te amo, y espero que tu actuar sea para bien, de todos en casa, porque para todos nosotros, sos importante.

Un abrazo, tu hijo.

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Date: sábado, 29. septiembre 2012 22:26
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